Soy nutrióloga clínica, pero antes de serlo también fui una niña que escuchó a otras personas hablar de su cuerpo como si eso definiera algo sobre ella.
Con los años también viví de cerca lo que puede pasar cuando la salud de una persona se mira únicamente desde el peso. Un diagnóstico médico condicionado por esa visión puso en riesgo la vida de alguien que amo, y esa experiencia cambió profundamente la forma en la que entiendo la atención en salud.
Después conocí también el otro lado. Vi cómo una alimentación adecuada, acompañada de conocimiento clínico y de una mirada mucho más humana, podía ayudar a que una persona se sintiera mejor y aumentara su calidad de vida.
Detrás de cada paciente hay una persona, pero también hay alguien que lo ama, que lo acompaña y que llega con la esperanza de que pueda sentirse mejor.
Por eso no trabajo solamente con lo que comes. Me interesa conocer tu historia, tus síntomas, tus hábitos, tu relación con la comida, tu contexto y todo aquello que también forma parte de tu salud.
Quiero que sepas por qué hacemos cada cosa. Que preguntes, que entiendas tu cuerpo y que tengas información real para tomar decisiones con mayor seguridad. No quiero que vivas dependiendo de una dieta ni sintiendo que la comida es tu enemiga.
Porque para mí, un tratamiento nutricional no empieza con una lista de alimentos. Empieza escuchando a la persona que tengo enfrente.